La máquina del tiempo no existe, todos lo sabemos, pero con o sin ella es posible volver al pasado. Y se dice que todo tiempo pasado fue mejor. Así que teniendo la posibilidad, feliz de la que no se sienta atraída por el peligroso intento de retroceder las agujas y zambullirse en un nuevo romance (así sea de una noche o de años) con un ex.
Aunque no tengamos el autito de Michael Fox, sabemos que si logramos volver a tiempos que ya fueron, cualquier cosa que hagamos repercutirá (posiblemente de un modo aterrorizante) en nuestro presente.
Esto de volver a las andanzas con el que alguna vez fue el hombre de tus sueños puede tener sus encantos, pero cuidado: es un trago fuerte y tiene efectos colaterales.
Piensen en los pro y los contras.
Primero y principal, una contra: puede volverse adictivo. El tiempo ha borrado de nuestras mentes los defectos del caballero en cuestión (de lo contrario, no volveríamos a caer) Así que si la cosa se transforma en una fantasía hecha realidad, como una noche con Antonio Banderas, por ejemplo, sí, quien te quita lo bailado, pero también quién te convence de que abandones la pista. En este momento, no hay que olvidarse, por favor, que este caballero no es el Zorro, sino el mismísimo hombre con el que las cosas ya no funcionaron una vez (por lo menos una vez.). Pero una se olvida. Y está segura de que el primer reencuentro puede no ser perfecto pero ¿y qué? (ya vamos predispuestas a perdonarlo... lo que ¡oh, infames! no hacemos con los hombres comunes), el segundo puede serlo. Y tan seguras estamos, que lo es (o eso nos parece). Y si continuamos calculando esta progresión, esperamos con ansias la tercera, la cuarta, la quinta... Pero claro, el primero te lo regalan, el segundo te lo venden. No te hagas ilusiones. Es un ex. Ya está probado que el destino piensa que NO son el uno para el otro.
El que va hacia él es un camino de ida, y si alguna vez regresaste más o menos sana ¿estás segura de querer arriesgarte? No sé… fíjate si no te conviene más recordar la hazaña y olvidarte de volver a probarlo.
Una ventaja: salir con un ex es tremendamente nutritivo para el amor propio (sobre todos si él fue el que te dejó a vos)... o para el ajeno (si vos lo dejaste a él)
Otra favor: el camino está asfaltado. Ya se conocen, saben lo que le pueden decir y lo que no, qué es lo que no les conviene pedir para comer, qué viene primero, qué le sigue, cuándo y cómo. Esto evita que vos vengas con ritmo del Bolero de Ravel y él te salga con el payaso Plinplin. En ese sentido, es económico.
Otra buena: ya sabés con qué buey arás, así que no te esperan sorpresas
Bueno, en realidad, no esperes ninguna sorpresita: vos ya sabés con qué buey estás arando y él ya sabe qué es lo mínimo que tiene que hacer. Esfuerzo de seducción igual a cero. ¿Y hablábamos de otra buena? Mmm....
Con un ex corrés un riesgo enorme de que, por ejemplo, te invite a su casa y te reciba en yoguineta (¿cómo se escribe? joggineta no da, no?) y ojotas. Y te haga cocinar a vos.
Es cierto, una se olvida de todo lo que pasó y en los brazos de un ex siente que volvieron los buenos viejos tiempos, y de última, que al fin una tiene la posibilidad de salir triunfante. Pero ¡a no engañarse! Se corre el riesgo de pretender realmente rescribir la historia, y una se lo cree. Pero está lo que alguna vez hubo, fue. Y sí, que tiene su encanto es innegable, pero, hay formas de escapar. Unamos nuestras manos para repetir el conjuro: no nos dejes caer en la tentación, libranos del mal, amén.
viernes, 3 de enero de 2014
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