jueves, 3 de diciembre de 2009
Suerte para mí, suerte para todos (año nuevo, suerte nueva)
El Año Nuevo es el momento que más cábalas inspira. Y si todos los principios de año son LA oportunidad de llamar a la suerte para los siguientes 364 días, el que se viene hay que tomar recaudos especiales: empieza toda una década. Por las dudas salí a buscar asesoramiento. Le pregunté a mi tía Clotilde, a mi vecina de abajo y a una amiga que es oficinista –lo que garantiza su pericia en asuntos esotéricos. Entre las tres me proveyeron de tal arsenal de prácticas para la buena suerte, que ya tengo que empezar a organizarme (y entrenar) para ponerlas en práctica.
Para comenzar, hay que preparar la casa para la llegada del año con más detalle que para la visita de la reina de Holanda. Se barre -me dijo mi tía- de adentro para afuera, para sacar todo lo malo del año a la calle.
Esa fue mi primera complicación. Vivo en el quinto piso, así tengo que llevar el polvito hasta el ascensor, bajarlo al hall de entrada y tirarlo a la calle. Para que nadie me viera, practiqué el domingo a las 5 AM. En eso llegó de bailar el chico del tercero, y yo, entrando con la escoba. ¡Qué temprano viene de pasear, doña! ¿dónde dejó la barita?
Además, hay que decorar con espigas de trigo, sal, ajo y velas de colores que ardan hasta consumirse (roja para el amor, verde para la prosperidad, blanca para la paz, azul para el trabajo). Más que una casa, va a parecer una convención de antivampiristas daltónicos. ¡Todo sea por una buena década!
El vestuario es un asunto aparte y crucial. Hay que usar algo blanco aunque la clave está en la ropa interior. Acá no se ponen de acuerdo: que sea amarilla o rosa, que tenga una cinta roja y que esté puesta al revés. Al parecer, traen amor. Por las dudas, pienso combinar todo. Garantizará el amor para el resto del año. Pero para esa noche, lo dudo.
Para la Nochevieja y la madrugada de Año Nuevo hay cábalas generales para la suerte, como pasar por debajo de la mesa o tirar los platos por la ventana; y también rituales específicos con objetivos concretos. El que desee viajes, puede salir a la calle con una valija (con cuidado de que no le caiga un plato en la cabeza). Quien quiera crecer, deberá subir una escalera. Llevar dinero en el zapato asegura prosperidad monetaria. Es bueno saber esto a principio de mes para guardarse un billetito (aunque sea de dos pesos), porque llegar a fin de mes y darse cuenta de que lo único que uno son unas monedas no puede ser un buen augurio.
El momento de la verdad es sólo un minuto: el del cambio del 31 al primero. Si no hacés las cosas bien en ese ratito, estás frito. ¿Qué es lo que hay que hacer bien? Muchísimas cosas; y al mismo tiempo. Garantizar la suerte, el éxito, la prosperidad, el amor y la felicidad de una década, depende de esos 60 segundos. En ese tiempito hay que: comer 12 uvas y tres cucharadas de lentejas sin condimentar, brindar mirando a los ojos, darle un beso y un abrazo a alguien del sexo opuesto, tomar todo el champán de una copa en la que haya un anillo de oro y sentarse y pararse doce veces; todo esto, con la pierna izquierda en el aire, para comenzar el año con el pie derecho. Tendría que haberme enterado en julio, para tener tiempo de practicar. Es verdad, me da un poco de asquito mezclar uvas con lentejas y algo de miedo atragantarme con el anillo de la copa mientras abrazo a mi primo, o caerme encima de mi sobrinita sólo por no apoyar la pata de la desgracia (la “mala pata”) donde baila una moneda de un peso. Pero bueno, es eso o diez años de incomodidades.
De última, tenemos meses de prueba. Si los pimeros días no vienen como esperábamos, podemos aprovechar la oportunidad del año nuevo chino a fines de febrero y otra oportunidad con el mapuche, en julio.
viernes, 2 de octubre de 2009
SOY DE LAS QUE EMPIEZAN EL GIMNASIO EN OCTUBRE, LO CONFIESO
22 de septiembre. ¿Por qué no me abrocha la pollera que me compré el verano pasado?
23 de septiembre. Investigo la oferta de yogures, postres Light y busco en Internet recetas con verduras
24 de septiembre. Voy a la verdulería y compro dos o tres de cada cosa, aunque de algunas no sé ni el nombre… ¿esto se cocinará?
25 de septiembre. Es el cumpleaños de mi hermano. Estoy frita. No, mejor al horno. No importa, como solamente media porción de torta. Ya es oficial: estoy a dieta.
27 de septiembre. Tengo hambre. Ya extraño los salamines y los chocolates.
28 de septiembre. ¿Por qué la pollera sigue sin abrocharme?
29 de septiembre. Y bueno… tendré que hacerlo…
30 de septiembre …anotarme en el gimnasio
Ya viendo a la chica de la recepción siento que empiezo a adelgazar. Tiene un pantalón de gimnasia de lo más glamoroso, un top ajustado y zapatillas plateadas ultra tecnológicas MADE IN LA NASA.
Me da un poco de vergüenza ponerme a hacer preguntas, así que me llevo el horario para analizarlo en casa.
¿Con qué empiezo? Va a tener que ser con un diccionario.
Ningún horario me queda del todo bien: o estoy laburando, o me corta la siesta, me pierdo la novela o voy a tener que bañarme tres veces el mismo día, pero bueno… Iré a lo que me quede bien.
1 de octubre. Temprano salgo de compras: un jogging blanco divino y zapatillas super-sport (ya estoy con el vocabulario fitness, empiezo a sentirme más flaca).
Hay unas calzas blancas divinas. Ésas me las compro el mes que viene, cuando tenga las cachas menos autónomas y dejen de dudar qué dirección tomar cuando me muevo: siempre arriba y para el lado del resto del cuerpo.
A la tarde voy al gimnasio. Tengo todas las pilas.
El profe es divino. Me da la rutina y me explica cómo usar los aparatos. Me dice que use solamente 2 pesitas en el aparato, pero la flacucha de al lado tiene 5. Si ella puede, yo también.
De paso, como me dan los horarios, me quedo a Power Local y Spinning.
1 de octubre. 20.10 hs Este power local me está matando. Pero ya debo haber bajado un par de kilos y levantado un par de músculos.
1 de octubre 21.05 ¡¿Cómo que una hora dándole a la bici?! Me voy a casa.
1 de octubre 21.10 Un alfajor. Me lo merezco
2 de octubre. ¡¡No me puedo levantar!!! Me duelen partes del cuerpo que ni sabía que tenía.
15 de octubre. Mañana voy al gimnasio, hoy estoy cansada.
16 de octubre Hoy no, pero mañana, sí
17 de octubre Veinte minutos de cinta. Peor es nada.
20 de octubre ¿Dónde habré dejado el horario?
21 de octubre La pollera quiere cerrar, pero me queda demasiado ajustada.
22 de octubre Tendría que comprarme otra pollera más cómoda y más a la moda, total, el amarillo ya no se usa más
1 de noviembre. ¡Qué rápido se pasó el año: ya se viene el verano! Voy a la verdulería y compro 2 o 3 de cada cosa. Además… tendría que pasar por el gimnasio.
jueves, 12 de febrero de 2009
Los diez pretEXtos más usados para contactarse con un/a ex
Para algunos, dejar ir a su ex se hace difícil. A veces la/el otro facilita el asunto dejando de atender el teléfono (y los sms, y los mails y el messenger y el facebook), mudándose o simplemente poniendo una orden de restricción. No obstante, excepto en este tipo de casos -quien más, quien menos-, alguna vez deja de lado los esfuerzos y sucumbe a la tentación de buscar a esta persona que va a volver a romperle el corazón.
He aquí las diez excusas más usadas para ver a uno de esos ex que uno no puede dejar ir por completo.
1- La clásica "vengo a buscar mis cartas". Funciona con libros, CDs, ropa, el cepillo de dientes (que en otro momento sirvió para marcar territorio y hoy cae, último bastión).
2- Necesito... Si cuando se separaron dividieron posesiones, seguro tiene algo que te hace falta. La
computadora, el auto, la minipimer, un poco de cariñ-- (¡No! Hay que esto último).
3- ¡Cómo te admiro! Seguro que hay algo que no sabés hacer, porque siempre lo hacía tu ex. Analizá sus fortalezas y pedile auxilio con un cuerito flojo o para coser un botón. Si lo hace mal, no importa, acordate que solamente era una excusa. No vuelvas a arruinar la relación por eso… de nuevo.
4- “¿Lo tenés vos?” es una técnica infalible. Vas a su casa a buscar algo que sepas que esta en la tuya. Esta estrategia permite pasar un largo rato su casa e incluso, aprovechando bien la búsqueda, averiguás en qué anda y con quién. Para ir a su casa, por supuesto que te vas a producir onda sexbomb-casual, así tu ex puede apreciar cómo ahora estás mejor que nunca.
5- El cumpleaños. Es cierto que esta oportunidad aparece una sola vez por año, pero no te olvides de la mamá, el papá, el hermano, el perro…
6- ¡Al rescate!. Seguramente hay algo en lo que dependía de vos, y podría seguir dependiendo... si llamás para recordarle, por ejemplo, cuándo es el cumpleaños de su sobrina, que vaya a pagar el teléfono que ya debe haber llegado la boleta y seguro que se olvidó o que desenchufe la plancha antes de salir.
7- El dramón. Decile que tuviste una pesadilla horrible en la que él/ella sufría muchísimo y querías corroborar que estuviera bien. Si funciona, se le puede agregar la táctica “si no lo veo no lo creo” y quién te dice, se encuentran un rato y te ve y estás mejor que nunca y…
8. Reuniones de amigos, ex compañeros de la escuela, del trabajo. Sea cual sea el círculo del que alguna vez participaron juntos, un reencuentro siempre será emotivo, tu ex no se va a negar e incluso es posible que te ayude con la organización. Una vez logrado, ojo con el efecto de la fiesta, y la combinación sel champagne, los recuerdos, la música romántica, y vos que estás mejor que nunca…
9- Ubicar a un antiguo conocido. Inventate que necesitas encontrar a uno de sus compañeros de la primaria porque… ehhh… tenés que hacer negocios con un fabricante de telas y lo último que supiste del amigo era que trabajaba en… un negocio de… ropa, así que por ahí sabe algo... O tal vez por la radio escuchaste que alguien con un apellido conocido está haciendo una exposición de fotos de mascotas disfrazadas y querés saber si es él o no.
10- En busca de la fecha perdida. Encontraste una lata de palmitos que decía, consumir preferentemente dentro de los 12 meses posteriores a la fecha de envasado, y la fecha está medio borrada así que querés saber si él se acuerda cuándo lo compraron, o al menos cuando se fundió la "Palmitos Palm Beach".
También podés preguntarle si se acuerda cuándo mandaron esas cartas al programa de Susana, para saber si seguir esperando el llamado.
11. Si, eran 10, pero viene uno de yapa: “Qué débil soy”. Tenés que sacarte una muela y tenés terror de que se te complique y tengas que quedarte unos días en terapia. Necesitás a alguien que te acompañe, te apoye, te de ánimos y de paso se fije si no vas a necesitar otro pijama para pasar las frías noches hospitalarias.