lunes, 10 de diciembre de 2007

BOTOX NO ES CIRUGÍA


¡No te la puedo creer! ¿Qué hace María Rosa acá? ¿No era que estaba viviendo afuera? Sí, afuera, en Paraguay. Pero Paraguay es el exterior, es afuera. Afuera del mundo. ¡el exterior del mundo! ¡Jaja! Tengo que decírselo a Lili. ¡el exterior del mundo! ¡ay, qué chispa tengo!
¿Y qué? ¿Qué me va a decir María Rosa? Si estoy bárbara. Mejor que nunca. Porque me mantuve natural. Bueno, me cuido. Por eso estoy así. Joven, como siempre. Natural. Sin una cirugía. No como ella que se rebanó la nariz. Como un rábano. Se la rebanó como un rábano. ¡Jaja! Tengo que decírselo a Lili. ¡se rebanó el rábano!
Y se hizo una lipo. Bueno, ¡una!, por lo menos una. Si le quedó la cadera de Pergolini. A los hombres no les gustan tan huesudas. Les gustan más redondeadas. Naturales. Como yo. ¡La cadera de Pergolini! ¡jaja! Tengo que decírselo a Lili ¡Pergolini!
Pero a los hombres les gustamos más naturales. Como yo. Ni una pasada por el bisturí. Ningún rábano. Bueno, una refrescadita, poraí. Botox no es operación. Colágeno tampoco. Una agujita de nada, y acá estoy. Mejor que a los treinta. ¿qué digo los treinta? ¡mejor que a los veinte, a los quince! Menos no, que es demasiado. Pero natural, no como María Rosa, con esa boca siliconada grasa de bife. ¡Grasa de bife! ¡jaja! Tengo que decirle a Lili. ¡grasa de bife!
Natural. Porque hago homeopatía. ¡Siete kilos en un mes con flores de Bach! No son pastillas. No, son esencias de flores. Completamente natural.
¿Y esos pelos? ¡No te la puedo creer! ¡Se tiñó de colorado bombero! A la vejez, viruela. Ridícula. Hay que aprender a ubicarse. Bueno, debe estar llena de canas. En cambio yo no necesito. Me cuidé toda la vida. El pelo también. Por eso no necesito teñirme. Iluminación no es tintura. No.
Pero, ¿qué hace María Rosa acá? Ya me la veo venir. ¡Ay, Grace, hola Grace, tanto tiempo Grace, qué casualidad Grace, te planchaste el pelo, Grace! No, no está planchado, está PEI-NADO. Brushing no es planchita.
Mmm. Creo que va a venir para acá. Y yo con estas medias reductoras no me puedo ni mover. Me las debo haber puesto mal. No puede ser que no me dejen respirar. Al fin y al cabo son medias. Medias no son faja.
¡Si serán! No te la puedo creer que con lo apretadas que son, igual me hagan panza. ¿Me las habré puesto al revés y me quedó la parte blanda para redondear el culo para adelante? Mejor me siento de costado. Que no se note, que ahí viene María Rosa. Ya me la veo venir ¡Ay Grace, hola Grace, tanto tiempo Grace, qué casualidad Grace, cómo andás Grace? Seguís siempre en el Conurbano?! FLO-RIDA, casi Vicente López. No es Conurbano. Es zona Norte. Zona Norte no es Conurbano.
Uh, ahí ya me vio. Viene por acá. Por favor, no!. Voy a leer esteeee… un mensajito de celular… uh, ahí viene la pesada. —¡Ay María Rosa, hola María Rosa, tanto tiempo MaríaRosa, qué casualidad María Rosa! ¿Siempre seguís viviendo afuera?

miércoles, 22 de agosto de 2007

Nombre propio... común? (construcción nominal)

Me pusieron un nombre terrible. Nunca lo quise decir, mi nombre me daba tanta vergüenza que no me animaba a hablar con nadie. De chica ni amigo invisible tenía, de lo tímida que era. No quería decir cómo me llamo… así que nadie me llamaba.
En la secundaria empezaron a llamarme por el apellido y así pude hacerme algunas amigas, éramos nueve, las nueve inseparables, las otras ocho se llamaban Laura, para diferenciarlas, les decíamos La, Lau, Lali, Lala, Lauri, Laura, Lula y María Laura Ortiz Pacheco. Como siempre íbamos juntas a todos lados empecé a responder al nombre de Laura y a cualquiera de sus variantes.

Pero es que esto de los nombres a mí me viene de familia, porque en mi familia, los nombres no son algo muy estable. O sea, no es como en otras familias, porque en la mía, los nombres no sirven para identificar nadie. Por ejemplo, mi abuela, la miope, se llamaba Casimira, pero como veía doble todo lo que tenía delante, se sentía más identificada con su seudónimo: Lola
Es que esto de los nombres ya viene de los antepasados. Allá por principios del siglo XX, mis tatarabuelos, decidieron que nadie iba a llevarse a su primogénito a la guerra, así que en vez de Eduardo, el varoncito se llamo Eduarda. Mi abuelo Eduarda creció y termino convirtiéndose -a pesar de sus progenitores- en un militar grandote y bigotudo, así que mi abuela, en vez de papá y mamá tenia dos mamás, una de un metro 90 y unos músculos de pato vica, claro que una era todo un señor guardia civil, pero su documento no decía eso. Eduarda, se casó con una adorable chica del pueblo...
Mi bisabuela, Presentación del Bendito Señor Jesucristo en el Templo Llarines, nació un 2 de febrero, día de la presentación del señor jesucristo blabla... y llevó el recuerdo en su documento durante toda la vida. Nadie sabía cómo llamarla, por costumbre, la familia siempre usó su primer nombre, Presentación. Yo nunca conocí a mi bisabuela Presentación, pero cada vez que papá hablaba de la abuela Presenta, yo me imaginaba una abuela que auspiciaba programas de TV, “¡pa-pa-pa-pa-ra-pa-pa-pa-ra tatatatan La abuela presentaaaaaaaaaaa… Sábados de súper acción!”
Mientras que todos en la casa la conocían por su primer nombre, mi bisabuela intentaba encontrar una forma más convencional de llamarse, porque
Presentación le parecía más una palabra que un nombre verdadero, pero ninguna de todas las partes del nombre servía. ni Jesucristo ni Templo le venían bien. Cuando consiguió su primer trabajo, decidió hacer la primera adaptación de su nombre, y de Presentacion del Bendito Señor Jesucristo en el Templo Llarines, decidió convertir el Bendito en Bendita, y feliz con su nombre corto, se mandó a hacer un sello con su nombre artístico: Bendita Llarines. No llegó a usarlo mucho. Después puesta a adaptar, decidió usar la única palabra del nombre que le quedaba: "del" pero como en femenino, así fue como mi abuelo, Eduarda, se casó con mi abuela, Presenta o Delia Llarines.
No lo pasó mejor su hermano, que había nacido el 6 de enero. Melchor Gaspar Baltasar, se hacía llamar Señor Reyes, para sentirse más respetado... aunque pareciera, no era un nombre real. Reyes se casó muy joven y su mujer quedó embarazada enseguida. Escarmentado, decidió ponerle a su descendencia nombres más condescendientes. Así que optaron por un nombre común.  Pero les costó decidirse. Podía ser Daniel o Daniela. Pero no. Podía ser María o Mario. Pero no. Podía ser Ana o... no se decidían. Por suerte, cuando llegó el día del parto, salió su hija, Ana, pero atrás vinieron dos más. Y al señor Reyes le costaba pensar nombres, así que más que nombrarlas las fue numerando: Ana, Diana y Triana.

Y bueno, a mi esto de la identidad me viene de familia...
Mi prima Pichi en realidad se llama Petunia, y sus hermanos, Margarita, Rosa, Jazmín y Jacinto.... flor de prole tuvo mi tía! Una nota de color, su hermana Rosa tuvo tres hijas, Blanca, Celeste y Violeta, no les digo? no hay una conciencia, porque en mi familia, esto de lo nombres es algo serio.
Mi abuelo, se llamaba Manolo, le decía “Mano”, su hermana, la del medio, era Piedad, le decían “Pie”, la menor era Penélope, le decían “La Chiquita”.
Igualmente, el colmo es mi primo Alejo, el camionero. Es un casanova que donde pone el ojo pone la bala, alrededor de todo el país. Para tener a los hijos identificados, les pone los nombres de la ciudad en la que nacieron, así tengo por su parte unos cuanto primitos: Dolores, Luján, Pilar, Santiago, Azul, Mercedes (tres), los mellizos cordobeses Jesús y María… en Santa Fe, tres ciudades, tres hijos: Rosario, Rafaela y Venado Tuerto.

jueves, 21 de junio de 2007

¿USTED SABE PEDIR DESEOS?

No hay moros en la costa. ¡Qué pena!, porque ellos sí sabían pedir deseos. En este mundo occidental (y alguna vez cristiano), hemos desarrollado un escepticismo que nos sacó hasta esa capacidad. Al menos de los moros nos quedó el ojalá, suerte de palabra mágica imposible de clasificar gramaticalmente que viene del árabe law sha'a Allah y significa “Dios quiera”. ¡Así se hace! Directo al jefe, sin intermediarios. Ojo, no es que no los tuvieran. Recuerden a Aladino. Pero ésas eran otras épocas: te comprabas una lámpara y te venía con un genio. En cambio nosotros le pedimos deseos a cualquier cosa.
Arrojás una monedita a una fuente y ¿qué pedís? ¿plata? Todavía no la tenés y ya la estás despilfarrando, además, ¿eso que tiraste es una moneda de cinco? Así no funciona, ningún genio te sale de la casa por menos de una gamba.
Por otro lado, en nuestra cultura, desear es vergonzoso, por eso se hace en secreto. Es una falta que tiene el peor castigo: si te escuchan, no se te cumple.
Esto, claro, presupone asumir que todos los cachivaches a los que les pedimos cosas ─velas de torta, fuentes, etc.─ leen tus pensamientos. Por eso cuando vayas a la casa de cotillón comprá las velitas que quieras pero si son chinas, que sean bilingües.
Les pedimos deseos a cosas asquerosas y de las formas más insólitas. Al huesito del pollo. Entre dos lo tironean y el que se lleva la parte más grande, es el afortunado. ¿A quién se le ocurre? ¿Funcionaría esta filosofía en las Mil y Una Noches? Simbad y Aladino se encuentran con un genio, lo agarran a patadas y el que le fractura la nuca, confiando que todavía tiene telepatía ─y buena voluntad─ le pide tres deseos, eso sí, en silencio porque desear es algo muuuuy malo!!.
Así como no sabemos a quién (o a qué) hacerle las solicitudes, tampoco sabemos cómo. Claro, un genio, te puede tirar alguna idea, porque es inteligente, mágico y, esencialmente, porque habla. El otro día me encontré formulandole mis sueños a un panadero (de los que salen de las plantas, no un tipo que hace pan) “Quiero una casa enorme, con jardín, pileta y un ventanal enorme. No, mejor con pocas ventanas porque limpiar vidrios es un suplicio”. ¡Mentalidad mediocre! ¿No podía haber deseado que la casa no se ensucie o, con un poco menos de imaginación, una mucama? No. Un panadero me puede dar una casa como la de Mirtha, pero que repela la suciedad o me alcance la guita para tener empleados en blanco es demasiado insensato.
Para pedir, pidamos bien. ¿Por qué “un campito chico y un par de vaquitas”? ¡Pedite la estancia de Benetton! Mirá si se te llega a cumplir. Vas a querer atragantarte con el bendito hueso de la suerte todas las mañanas, cuando a las 5 AM tengas que levantarte a ordeñar porque ni siquiera pensaste en un tambero.
Y sí… todavía tenemos que aprender a pedir deseos. ¡Ojalá lo enseñaran en la universidad!